-¿Donde coño estabas, Edgar?- preguntó de manera cortante.
-Y a ti que te importa. - dijo, tensando la mandíbula, mientras se acercaba a su amigo y se colocaba de pie a su lado. -¿Que ha pasado?-Bueno, mientras tú estabas por ahí tirándote a alguna de esas estúpidas humanas, Eric y yo seguíamos a la caza de esos malditos Bellums. Una de ellos ha intentado cortarle el cuello. La zorra sabía lo que hacía.
-¿Donde está? ¿Que ha sido de ella?
-Está abajo, en el sótano. Yo misma la he atado con las cadenas. Alguien de su calaña se merece otro tipo de trato.- contestó, con una sonrisa maligna y desdeñosa. Edgar miró con cierta preocupación a Eric.- No te preocupes por él, se recuperará. En unos minutos ese corte habrá desaparecido. Ahora, acompáñame.
Odiaba a Charlotte con todas sus fuerzas, pero había alcanzado con creces el "título" de jefa, por lo que debía guardarle respeto. Era fría, despiadada y calculadora, cualquier cosa que se interpusiera en su camino debía ser destruida.
En la comunidad de los vampiros, gran parte de las relaciones entre ellos se basaban en tres pilares fundamentales: unión, respeto y obediencia.
Hacía muchos años que había mantenido algo lo más parecido a una relación amorosa con ella, sin embargo ahora las cosas estaban más bien distantes. No estaban de acuerdo en algunos aspectos importantes, lo que creaba algunas tiranteces. En ese caso, Eric actuaba como intermediario entre ellos. Era el hilo fundamental que los mantenía unidos.
Bajaron las destartaladas escaleras de madera que conducían al sótano, allí, encadenada a la pared de piedra, se encontró con la Bellum. Intentando zafarse por todos los medios de las cadenas que la tenían presa, sin éxito alguno. Se quedó estático ante ella, pero solo podía pensar en Anette. Que se hubiera encontrado con él y no con Eric y Charlotte lo aliviaba en cierta manera.
-¿Que pasa, cielo?- preguntó ella, apoyándose en sus hombros. -¿Te la tirarías?- La joven era esbelta, de melena lacia y oscura, echaba chispas por lo ojos. Aunque lo único que salió de ella fue un escupitajo, que fué a parar a la camisa de Edgar.
-Mis amigos os encontraran y os matarán a todos. Pagareis por esto.- añadió la Bellum.
-¿Pagar? Realmente no entiendo esa inquina que los Bellums tenéis contra nosotros. - dijo Charlotte, acercándose más a su prisionera de manera amenazadora.- ¿A caso os hemos hecho algo?
-¡Matáis a los humanos para beberos su sangre! Son víctimas. Nuestro trabajo es protegerlas de vosotros.
-También los humanos matan a todo tipo de animales para comérselos. Es...la escala evolutiva. Nosotros estamos por encima de ellos, al igual que ellos están por encima de los animales. Eso es algo que nunca entenderéis los Bellums, ya que la creadora de vuestro convertidor le dio el privilegio de sobrevivir - dijo, haciendo un gesto de comillas con los dedos - sin ningún sustento. En nuestro caso eso no pasa, debemos alimentarnos y eso es así. Recuerda esto: el ser humano es el único animal que mata por diversión.
-Pagareis por esto.- volvió a repetir, haciendo caso omiso a lo que la mujer vampiro había dicho.
-Hablando de deudas....- Contestó Charlotte.- Primero tienes que pagar tú por lo que le has hecho a nuestro amigo. ¿Edgar? Haz lo honores.
-Paso.- contestó, mientras daba media vuelta para irse.
-¿Donde te crees que vas, idiota?- preguntó enfurecida.
-Hazlo tú misma, Charlie. La venganza es cosa tuya. Sé que disfrutarás con ello más que yo. - Abandonó el sótano, tras un ahogado grito de dolor de la joven prisionera, la cual solo dejaría la casa convertida en cenizas.
Apuraba el último trago de Whisky, cuando Margaret apareció a su lado. - Sí lo que quieres es emborracharte, creo que tendrías que volver a nacer.... y ser humana.
-No estaba buscando eso. - contestó sin levantar la mirada del vaso vacío. Haber visto a Edgar de nuevo convertido en vampiro, ponía su mundo patas arriba. No sabía que sentir, ni que pensar, lo único que tenía claro es que nadie podía saberlo. - ¿Todo bien?
-¡Claro! - exclamó, mientras hacía un gesto con la mano, que le indicaba al camarero que pusiera otra ronda de lo mismo.- Por lo que a mi respecta hay un chupasangre menos en la ciudad.
-¿Y Coco?
-No tengo ni idea.- contestó, mirando a su alrededor.- No la he visto desde que llegamos aquí.
En ese momento, Marc apareció a su lado. Su semblante siempre era bastante serio, pero en aquella ocasión parecía preocupado y taciturno.
-Tenemos que irnos de aquí. He de hablar con vosotras.
-¿Ahora? Acabo de pedir una....- Dijo Margaret.
-Vayámonos.- la cortó, mientras la sostenía por el brazo y la mirada directamente a los ojos.
Desaparecieron allí mismo. Entre la oscuridad del local y la muchedumbre que los rodeaba nadie se habría dado cuenta de su repentina ausencia, y se materializaron en la sala de estar de la casa de las chicas.
-¿Que narices es eso que tan importante?- preguntó Anette.
Marc bajó la mirada al suelo y respiró hondo antes de hablar.- Un clan de vampiros han apresado a Coco.
-¡¿Que!?- exclamaron Maggie y Anette al unisono.
- Tenemos que ir a buscarla.- Añadió la última.
-Eso no será necesario.- dijo, sin mirarlas aún.- Ya no está. Han acabado con ella....
Entonces la miró a los ojos y observó como algo en el interior de Anette se derrumbaba Margatet estaba a su lado, mirándola con tristeza. Quería abrazarla y reconfortarla de alguna manera, pero sabía que Anette jamás lo aceptaría. En situaciones así el odio la consumía de tal manera que no quería que nadie la tocase.
-¡Como lo sabes!- gritó, mientras cogía a Marc por el cuello de su camisa y lo acorralaba contra la pared.- Estoy harta, Marc. ¿Como consigues toda esa información. ¡Dímelo!
CONTINUARÁ.....
















